jueves, 24 de abril de 2008

La injusticia del IETU

En la inconformidad que ha generado el alza por el cobro del Impuesto Empresarial de Tasa Única (IETU), el problema de fondo no es el pago en sí: es la injusticia.

El debate central no es la fórmula, no es la tasa del 16.5 por ciento, ni la naturaleza de la Ley IETU que muchos diputados federales ni siquiera saben explicar, tal como demostró mi compañero de Multimedios Televisión, Luis García.

No: el asunto es la desigualdad, la manera en que el Estado defiende a capa y espada el cobro a esos contribuyentes registrados que acudieron –porque son honestos, por voluntad- a declarar sus impuestos y se toparon con un alza de más del 500 por ciento en sus cobros.

Diez mil dueños de tiendas de abarrotes, pastelerías, talleres de costura, estéticas, talleres mecánicos y demás, llenaron sus formatos para pagar sus impuestos a Hacienda en Nuevo León. Ellos forman parte del Régimen de Pequeños Contribuyentes (Repecos), personas que generan su propio empleo para obtener sus propios ingresos y administrar sus gastos.

Ese grupo se sorprendió y pidió explicaciones a la autoridad cuando vieron cómo sus impuestos aumentaron, por ejemplo, de 500 a 2 mil 100 pesos fijos al trimestre, fuera como les fuera en el negocio.

En su afán por defender el cobro del IETU, un funcionario del área de Finanzas preguntó: “¿Creen que el dueño de los Tacos Willy realmente declara lo que gana?”.

Puede que sí, puede que no. Eso es un supuesto. Pero el hecho, es que en México, los que más deben impuestos a Hacienda tienen nombres cortos y llevan de apellido SA de CV: se llaman Bimbo, Kimberly Clark, Wal-Mart, Teléfonos de México, Cemex y Grupo México.

De acuerdo con un reporte del colega Juan Armando Zúñiga, 16 de las principales empresas que participan en el mercado de la Bolsa de Valores adeudan al fisco casi 105 mil millones de pesos en impuestos.

Las empresas que encabezan la lista son Telmex y Cemex, que adeudan miles de millones de pesos. Aunado a esto, están miles de empresas que ni siquiera declarar impuestos. En Nuevo León, hay 50 mil Repecos que ni siquiera fueron por sus formatos de pago, pues no les interesa cumplir con su obligación.

¿Por qué a los grandes no se les trata con el mismo rigor y con el mismo afán de cobrarles los impuestos? ¿Será porque alardean con el eterno chantaje de que hacen el favor de generar empleos, mientras que el dueño de una tienda de abarrotes apenas gana para mantenerse a sí mismo?
Es ahí, justo ahí, nace el descontento.

Por Adriana Esthela Flores | Milenio

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