Los políticos mexicanos son una clase aparte. Y si son priístas, tienen una mayor exclusividad. Priístas y perredistas --hijos del mismo venero populista-- se han desgarrado las vestiduras por la condición inflexible de la Constitución en materia energética, pero son los mismos que en el pasado le hicieron casi 500 reformas a la carta magna y varias de ellas modificaron la esencia del proyecto constitucional.
Hoy el PRI y el PRD se escudan detrás de la Constitución. Pero se olvidan que ellos mismos, por ejemplo, en el salinismo avalaron la reforma al 130 constitucional para aceptar la derrota histórica del Estado ante la iglesia, privatizaron el ejido que fue la gran victoria de la revolución mexicana y aceptaron la declinaron del Estado en materia energética con reformas en petroquímica.
Y hoy exigen que el gobierno federal panista, que ganó las elecciones presidenciales con una oferta conservadora de gobierno, se someta a la Constitución que redactaron los priístas y los priístas-perredistas. Y lo dicen con tanta seguridad, como para olvidar su propio pasado. Ahí está, por ejemplo, Manuel Bartlett: hoy intransigente defensor de la Constitución y del Estado constitucional, pero operador de De la Madrid y Salinas en los cambios neoliberales en la Constitución.
El destino de la iniciativa de Calderón es la derrota. Aún si se aprueba, PRI y PRD le van a hacer modificaciones para evitar la modernización del sector y para refrendar la hegemonía del menguado Estado. Por tanto, se comprobaría la tesis, aquí señalada con reiteración, de que el gobierno de Calderón quiso poner la carreta delante de la yunta: proponer reformas aisladas que debieran tener una reforma integral.
Las tres reformas previas a las parciales debieron ser las siguientes:
1.- La reforma del modelo de desarrollo.
2.- La reforma del Estado.
3.- La reforma de la Constitución.
Sobre estos tres pilares descansa el proyecto nacional del PRI que tiene demasiadas coincidencias con el del PRD.
por: Carlos Ramírez Hernández | Leer artículo completo
miércoles, 21 de mayo de 2008
El Estado de las maravillas
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